A la deriva y en paz
Hoy hablamos de ser felices. Creo que ambas sonreímos bastante. Odio leer que la vida es fácil y que todo se puede. Siempre lo odié, sobre todo de personas que siempre pudieron o que tuvieron acceso (en términos sociales, económicos y demás) a salir adelante. Obviamente, no tienen la culpa ni nunca la tendrán del lugar en donde han nacido, pero siempre preferí la empatía. Siempre preferí los buenos augurios de aquel que fuera capaz de comprender que no todos podíamos, o que no todos teníamos para poder, etc.
Hoy decíamos que estábamos entrando en la adultez. Y que nos encontramos todos y todas en un proceso de cambios, de maduración. Tengo veinte años y puedo decir que después de una adolescencia turbulenta, existen cabos sueltos de los que tomarnos para volver a impulsarnos a la superficie. Yo tomé uno. Y creeme cuando te digo que era de los que menos gustaban. Pero hoy estábamos sonriendo, y el otro día estábamos jugando al uno. Supongo que cuando lo hice, me tomé fuerte y no me caí nunca.
Y estoy feliz de no haberlo hecho.
Hoy le confesé todo lo escrito en este lugar: son mi único cable a tierra.
Entiendo que no todes podemos saldar los costos de la terapia, que no todes tenemos la suficiente fuerza o la suficiente motivación. Sé que a veces no hay cabos sueltos de los cuales tomarnos. Lo único que te pido es que, cuando encuentres uno, no te sueltes. Nunca.
Nunca en un millón de años leerían esto. Solo quiero decirles gracias. Por hacerme reír en el medio de la calle, arriba de un micro, en medio de una clase o con la cabeza sobre la almohada. Gracias, porque lo logran incluso cuando no están presentes. Gracias por no ser indiferentes a los cambios, a las cosas que nos pasan. Por ser de los sostenes más estables que tengo, por ser el lugar seguro. Son el único factor inamovible: aquello que, a pesar de todos los problemas que se me presenten y todas las decisiones que tome en mi vida, nunca cambian.
Gracias, por ser lo único que me permite saltar a la vida en paz.

Y estoy feliz de no haberlo hecho.
Hoy le confesé todo lo escrito en este lugar: son mi único cable a tierra.
Entiendo que no todes podemos saldar los costos de la terapia, que no todes tenemos la suficiente fuerza o la suficiente motivación. Sé que a veces no hay cabos sueltos de los cuales tomarnos. Lo único que te pido es que, cuando encuentres uno, no te sueltes. Nunca.
Nunca en un millón de años leerían esto. Solo quiero decirles gracias. Por hacerme reír en el medio de la calle, arriba de un micro, en medio de una clase o con la cabeza sobre la almohada. Gracias, porque lo logran incluso cuando no están presentes. Gracias por no ser indiferentes a los cambios, a las cosas que nos pasan. Por ser de los sostenes más estables que tengo, por ser el lugar seguro. Son el único factor inamovible: aquello que, a pesar de todos los problemas que se me presenten y todas las decisiones que tome en mi vida, nunca cambian.
Gracias, por ser lo único que me permite saltar a la vida en paz.


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