Explícito II
Desapareció. Nunca me preguntó como estaba. Siempre me habló de sus logros. Nunca me esperó, ni me acompañó, ni me escuchó (aunque mi voz sean gritos y gritos esperando caer en su órbita). No me alcanza con estar en su órbita. Militaba en LC. No me gusta LC. Estoy en contra de los chicos de LC. Y él lo entendía, y yo lo hacía por él. Y quién soy yo para él -nadie. Nunca valió la pena, a pesar de lo irracional, lo más primordial, lo más inocente y genuino y ligado a los mejores años de mi vida: nunca valió la pena. Nunca me trató como una persona. Nunca me quiso como yo quería que me quisiera. No me respondió la historia de las cookies. Se rió hasta llenarme el corazón y se llevó todo al día siguiente. Todos sus lugares quedaron catectizados con un monto de energía que todavía sigue ahí. Que me pertenece. Que, dice Dai, no me pertenece más y tengo que duelar. Es un idiota. La vida y sus mañas me dan una bronca infinita. Tanta gente recibiendo tanto y mereciendo tan poco. Tantos que tenemos un montón de amor para dar y nos conformamos con flotar alrededor de su órbita. Lo que tengo es construcción, amor tierno, vinculo amoroso, amor en la diferencia. Se fueron muchos ideales, y muchos otros se quedaron. Y no es lo mismo un tren que llega a la estación y baja lentamente la velocidad, que estar parada en un lugar y ser arrollada por una especie de tren bala que nunca supo que debía frenar allí (nunca quiso). Estoy llena de balas, y de amores y de sueños, pero no te puedo elegir. No te puedo elegir. No puede ser este el final. Si, todo eso que me dijo Dai cuando recién nos despertábamos el lunes, si. Todo eso es verdad. Pero no es tan verdad. Y aunque entienda que el enamoramiento es un tren que te parte al medio y te cambia la vida para siempre, no te puedo elegir. No te lo mereces. No puede ser ese el final. Nunca fuimos de igual a igual. Nunca me trataste como me lo merecía. Cintia decía que, a pesar de que tu forma de acercarte era horrenda, era una forma de acercarse. Que debía preguntarme por qué: porque sos un estúpido, un narcisista de aquellos. Un ser que tiene espejos por todos lados y despliega una alfombra roja mientras camina en el piso de un buffet que no barren hace tres días. No sos todo eso que imaginé. Te llevaste todas mis catexias sin saberlo. No me las vas a devolver. Yo voy a llorar un montón. Pero nunca te voy a volver a elegir. Ese no va a ser mi final.
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