Los tránsitos de la mirada

Estaba pensando en todas las cosas que quedaron plasmadas a lo largo de estos años en este lugar. Son muchas. Mi vida es... mucha. Cambios, de acá para allá, de un lugar a otro. Lo dibujaría en una escala, aunque creo, no es necesario ser tan gráfica. Sobre todo porque hoy, creo, puede que esté mejor que ayer.  

Nunca perdamos los saludos. Nunca dejes de saludar, así todo el odio del mundo sea un hilo punzante entre vos y otra persona. En primer lugar, no existe en mi vida tal cosa como el odio (quizá si, pero con otra clase de personas... otro tema). Por otro lado, creo que debemos tomar aquello que las otras personas son capaces de darnos. Sobre todo porque así lo creí siempre, aunque me he defraudado de todos y cada uno de los seres humanos que han sido/son parte de mi entorno. 

A los que son: no existe nada en el medio que pueda hacerlos envolverse en lo que fué un gran castillo de naipes. 

Hace unas semanas tuvimos este debate. Hace unas semanas, la soledad me hizo extrañar a personas del pasado. No a una construcción de ellas, sino a seres humanos de carne y hueso, ahí, sentados en ese banco; allá, tomando cafés después del parcial. Todos me dijeron que lo haga. Todos me empujaron un poquito. Revolvieron hasta los recuerdos más hermosos que podrían existir, para decirme que nada de todo esto podría haberse perdido en alguna porción del espacio-tiempo. Bueno. Se perdió.

A todos ustedes: sigo extrañando un montón. Pero no a personas de carne y hueso, sino a recuerdos. A veces tengo ganas de hablarle del presente, del cuál ya no es parte. Después, logro ver (y me agradezco a mi misma por ello) todo lo que sí tengo alrededor en el presente. A todos ustedes: ¿vieron que  les dije? Soy capaz de afirmar que esta vez, después de 20 años, no quería tener razón. Pero la tuve.


Imaginate
cortar el hilo
que venís arrastrando desde Diciembre.


Lo bueno es que desde hace aproximadamente un mes, se está dando una seguidilla de certezas en efecto dominó. Respuestas. Cerrar. Nunca cerré tantos vínculos en mi vida de una forma tan continua. Creo que es parte del crecimiento.

Una vez te escribí un post que se llamaba Burbujas. Nunca lo publiqué. 
Fue más o menos así, ¿o no?
Como esas que son gigantes
y las moldean hasta desprenderlas en el aire
mientras todos miran el espectáculo, fasinados
hasta que pueden pasar dos cosas:

el aire las deshace

o con solo el tacto de una piel rugosa
desaparecen para siempre. 

Fuimos eso
un instante.

Igual, creo que nos quisimos mucho. Yo sé que lo sigo haciendo, y por tu no-mirada y tu no-saludo, sé que vos no. Lo bueno, es que por fin tengo una respuesta. Por fin, puedo cerrar un ciclo. No prometo no volver a llorar, o no volver a extrañar. Eso no existe. Sí puedo afirmar que se terminó. Que me puedo ir en paz. Que a pesar del daño que me hiciste, puedo lograr reafirmar mis pies sobre la tierra (hace mucho tiempo que logré pararme). Extraño mucho los cafés después del parcial, y algún día le devolveré al aire todo lo que comí de tus desayunos de los martes (y digo el aire, porque sé que vos ya no sos una puerta abierta).  Quizás la hostilidad no te permita ver que te encerraste bajo siete llaves, y que todas quedaron afuera. Que ya no podés salir. Y es una pena, y duele bastante en el alma.

Pero si algo pude aprender
es que fue una bonita circunstancia.

Eso
circunstancial
tenía que pasar
y hoy ya no funcionaría. 

Así que por eso
después de tantas vueltas
para evitar decir adiós...

adiós. 



Tienes que saber
que vuelvo a ti cuando la vida me abandona,
como si quisiera recordar
que ya renunciaron a mí en otra ocasión
y eso me diera calma. 
Quizás no me importe la soledad
porque fue lo único que me dejaste.

No quisiera que pensaras

que no te pienso
porque no te escribo. 

Es solo que ahora he de hacer hueco
a tu ausencia en mi refugio,
y no sé si estoy preparada para colocarla
al lado de un poema
que cuente de algún modo
que no duela tanto, 
cómo desapareciste
al abrir los ojos.

Prefiero cerrarlos que ver esta puerta
cerrada
cansada ya de tantos portazos. 


No te merecés a Elvira Sastre. Esta va para mi.

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