Desapareció. Nunca me preguntó como estaba. Siempre me habló de sus logros. Nunca me esperó, ni me acompañó, ni me escuchó (aunque mi voz sean gritos y gritos esperando caer en su órbita). No me alcanza con estar en su órbita. Militaba en LC. No me gusta LC. Estoy en contra de los chicos de LC. Y él lo entendía, y yo lo hacía por él. Y quién soy yo para él -nadie. Nunca valió la pena, a pesar de lo irracional, lo más primordial, lo más inocente y genuino y ligado a los mejores años de mi vida: nunca valió la pena . Nunca me trató como una persona. Nunca me quiso como yo quería que me quisiera . No me respondió la historia de las cookies. Se rió hasta llenarme el corazón y se llevó todo al día siguiente. Todos sus lugares quedaron catectizados con un monto de energía que todavía sigue ahí . Que me pertenece. Que, dice Dai, no me pertenece más y tengo que duelar. Es un idiota. La vida y sus mañas me dan una bronca infinita. Tanta gente recibiendo tanto y mereciendo tan poco. Tantos que t...
¿Cómo redactas? ¿Cómo empezás a escribir? Nunca fuimos de hablar cosas profundas pero realmente no sé cómo empezar. A veces pienso que sos la única receptora de todo este delirio, de todo este dolor. Quizás, detras de este texto guardo la misma esperanza. Ojalá te toque cruzarte con esto. Ésta es la última carta. Lo siento en el pecho. En una especie de pluviómetro de lágrimas que no para de llenarse. Se siente por todos lados, se me sale por todos los poros. Una vida en la que puedo ser feliz. Un dolor que hoy decidió salir arroyando todo a su paso, tratando de vestir la existencia... sin romperla, sin tacharla, ni olvidarla. No sé mirarme al espejo: me da miedo. Existir en lugares en donde puedo existir. Ser buena para otros. Servirle a alguien, a algo. Ser inteligente. Ser querida. No sé crecer a pesar de mis hermanos. No sé como vivir y tener que dejar a mis hermanos atrás. Sangre de mi sangre que quedó demasiado lejos. Que creció conmigo. Fuimos felices. Tomábamos chocolatada...
Lloré muchos meses en terapia. No sé qué rutas tomé para llegar hasta acá, pero a veces la vida se siente como una calle con subida cuando vas en bicicleta. Estoy segura de que algunos senderos no fueron calles, fueron montañas. No sé si logré sanar, o si hay una señal de llegada y todavía no la pasé, o si efectivamente la pasé y no me di cuenta. A veces vuelvo a enojarme, y los recuerdos se disparan hacia todas las direcciones, como si fuesen los fuegos artificiales que ves en el cielo cuando es año nuevo, sólo que nadie festeja nada. Quizás se trata de una cabeza que nunca se animó a concebir que se podía construir en una tierra muy lejana al hogar que siempre habitó. No sé que hubiese sido de mi si en nuestros años de oro me hubiesen dicho que todo ese amor era pasajero. No hay ni existe ni existirá día de mi vida en que no los extrañe. Nadie murió, cambiamos . En el pecho se siente como una muerte. Me senté meses y meses en terapia a hablar de un duelo. El 90% de mis lágrimas ...
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