El parque Castelli. Las zapatillas nuevas. Las fotos del emprendimiento. La carrera que nunca termina.
Hoy me siento extrema, al borde, parada en el límite. No es un precipicio, es un muro. Del otro lado hay algo, no se bien qué es. Acá, es una exigencia de sentirme útil, validada, feliz, tranquila, en paz. Una presión de ser algo, ser alguien. Existir sin que sólo sea eso. La lágrima, al borde. El corazón, al borde. Miles y miles de emociones y no llego a sentir ninguna. Ganas de confiar que se esfuman muy rápido: un mundo que no ayuda. Triste por momentos, apática en general. Hoy no hay certeza de nada. Todo me da miedo. No quiero que me hablen. No quiero estar más en este lugar. Quiero estar en una plaza mirando el pasto y el cielo celeste. Quiero tener iniciativa. Quiero tener ganas, pero sobre todo quiero accionar. Ser algo, alguien. Sin miedo, sin el ojo que todo lo mira, sin hermanos imaginarios que siempre están tres escalones arriba. Quiero ser par, una más. Quiero correr hacia mis sueños, pero por sobre todas las cosas, quiero animarme a soñarlos.
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